Arrastrando las valijas...

martes, 13 de agosto de 2013

Praga



Muy poco tiempo para tan bella ciudad...

Junio de 2007. Contra nuestra costumbre habíamos decidido recorrer las llamadas "ciudades imperiales" en un tour de origen español que contratamos desde Argentina. Iniciamos el recorrido por Praga a la que llegamos en avión desde Munich, luego continuaríamos por Budapest y finalmente Viena.
El avión era de una pequeña empresa -Air Dolomiti-, contratada por Lufthansa, con una muy buena atención a bordo y una muy rica comida, lástima que salió atrasado, debía partir a las 15:25 pero recién lo hizo a las 17:00.


Llegamos a Praga (Praha, en checo) a las 18:00. Esperamos una hora a nuestro transfer, que nunca apareció, por lo que nos subimos a una combi que, conducida por un impenetrable señor de “la cara marcada”, que no emitió un solo sonido en todo el viaje, nos dejó en el Hotel Dúo, en las afueras de Praga.


Era un hotel inmenso, lleno de gente, de tours, de bochinche, de voces hablando en distintos idiomas, etc., que no nos gustó nada…

Ya eran las 20:00.


Conclusión: nos bañamos, bajamos al lobby e hicimos contacto con el coordinador del tour al que nos sumábamos. Un tour de una organización de Sevilla con sede principal en Madrid –Europamundo– y cuyo coordinador, Rupert, no demasiado simpático, ni amable, ni nada… que tampoco nos gustó nada…, como el hotel…


Cenamos en el restaurante del hotel, buena comida. Algo que nos gustaba por lo menos…


Y nada más: a dormir… Mañana será otro día…




Al día siguiente nos levantamos a las 7:00. Desayunamos “copiosamente” y a las 8:30 salimos en el bus del tour, con turistas de habla portuguesa y española,  acompañados por una guía checa, llamada Juana. Entre el grupo había colombianos, mejicanos, brasileros, venezolanos, uruguayos y argentinos: nosotros y también un matrimonio de Mar del Plata.


Así comenzó nuestro contacto con esta hermosa ciudad, a la que algunos apodan "la ciudad de las cien cúpulas", "la ciudad dorada", "París de los años 20 en los años 2000", "la madre de todas las ciudades" y "el corazón de Europa".


Lo primero que hicimos fue subir hasta la zona de Prazsky Hrad, es decir el Castillo de Praga, que está en la colina más alta de la ciudad. No es un único edificio, en realidad es un conjunto de edificaciones que incluyen palacios, torres, la Iglesia de la Santa Cruz, la Torre de la Pólvora, la Catedral católica de San Vito, el Palacio Real, el convento de San Jorge -que contiene arte antiguo de Bohemia- y la Basílica de San Jorge, así como galerías de pintura renacentista y barroca que funcionan en las antiguas caballerizas del castillo. 
Catedral de San Vito

La visita incluyó un espectáculo inesperado: una orquesta de música clásica que en mitad de la mañana y al aire libre nos deleitó con sus interpretaciones:


Pese a los sucesivos incendios e invasiones, el Castillo de Praga es uno de los más notables, suntuosos y emblemáticos vestigios del gran pasado histórico, cultural y social de la capital de la República Checa. Fundado en el siglo IX, fue la residencia de los reyes de Bohemia, de emperadores del Imperio Romano, de presidentes de Checoslovaquia y ahora de la República Checa. En él se encuentran las Joyas de la corona de Bohemia. Con 570 metros de largo y 130 de anchura media, es considerado la mayor fortaleza medieval del mundo. Fue remodelado entre 1920-1934 a petición del presidente checo Masaryk.


Luego de recorrer todo el predio del Castillo, bajamos caminando hasta la zona de Malá Strana, el barrio más antiguo de Praga, con sus callecitas y sus casas de magníficas decoraciones, antiguas pero en un estado espectacular, algunas con ciertas “señales” distintivas de quién la habitó antiguamente, como la que tiene tres violines moldeados, ya que allí vivió un fabricante de violines:
Llegamos al puente de Carlos IV que cruza el Río Moldava y que tiene treinta enormes estatuas, entre ellas la más famosa, la de Juan Nepomuceno.



San Juan Nepomuceno o Juan de Nepomuk -Jan Nepomucký en checo- nació en 1340 y murió el 20 de marzo de 1393. Es el santo patrono de Bohemia.

Según la leyenda, era el confesor de la reina de Bohemia y se negó a romper el voto del secreto de confesión. Juan Nepomuceno fue el primer santo en recibir martirio por guardar el secreto de confesión, así se convirtió en un protector contra las calumnias, y debido a la forma de su muerte, también se lo considera protector frente a las inundaciones, ya que el 20 de marzo de 1393 fue arrojado al río Moldava desde el Puente Carlos de Praga, a petición del rey de Bohemia Wenceslao de Luxemburgo.


Seguimos caminando por la ciudad vieja, pasando por la casa natal de Franz Kafka (1883-1924), este es un viejo edificio situado en el límite del ghetto judío de Praga, a dos pasos de la iglesia rusa ortodoxa de San Nicolás



Kafka fue uno de los escritores más importantes del siglo XX en lengua alemana. Su obra es una de las más influyentes de la literatura universal en el último siglo, a pesar de no ser muy extensa: fue autor de tres novelas (El proceso, El castillo y América), de una novela corta muy famosa, La Metamorfosis, y de gran número de parábolas y relatos breves.


También pasamos y entramos en la Iglesia donde se encuentra la famosa imagen del Niño Jesús de Praga, en cera, impecable desde hace aproximadamente 300 años.

La particular devoción al Santo Niño de Praga comenzó a principios del siglo XVII. La Princesa Polyxenia de Lobkowitz recibió, como regalo de su madre, en su matrimonio, una hermosa estatua del Divino Niño procedente de España. La estatua era de cera, de 48 cm. En ella el Niño Jesús está de pie, con la mano derecha levantada, en actitud de bendecir, mientras con la izquierda sostiene un globo dorado que representa la tierra. Su rostro es tierno y gracioso. Y así nos pareció cuando lo contemplamos en silencio, ya que en ese momento estaban dando misa.


Así llegamos a la Plaza principal, la Staromestké Námesti, es decir la Plaza de la Ciudad Vieja, donde se encuentra el famoso reloj astronómico dorado del Ayuntamiento, que cada hora, gracias a un mecanismo que posee, se abren unas puertitas, giran los apóstoles y una serie de personajes que representan la muerte, la vanidad, la avaricia y la lujuria. 
 También en esta plaza hay miles de bares, restaurantes y más músicos –esta vez lo que vimos fue una orquesta de jazz tocando en mitad de la plaza- y por supuesto: miles de turistas!!...


Almorzamos en un restaurante en la misma plaza, bajo unas enormes sombrillas blancas:
 Probamos el típico goulach, que si bien es un plato húngaro, esta vez fue elaborado en la República Checa y saboreado por argentinos… muy bueno!


En esa foto podemos ver la plaza y la Iglesia de Nuestra Señora de Týn atrás:
  No existe en Praga otra iglesia tan marcada por la historia y tan estrechamente vinculada con la evolución de la capital checa, como ésta, y muy pocas están ubicadas en una plaza tan hermosa y tan pródiga en arte, magia e historia.


La primera particularidad que salta a la vista en esta iglesia es que no está ubicado directamente sobre la plaza misma, sino que aparentemente fue construido dentro del patio de una casa.


El nombre de Týn proviene de la palabra antigua checa "otýn ný" que quiere decir "acorralado" y hace referencia a ese patio en que fue construida. El patio sirvió hasta la primera mitad del siglo XIII como posada para los mercaderes extranjeros que pasaban por la ciudad, y posteriormente como aduana y mercado capitalino.

Bien, retomemos nuestro relato de este día en Praga, a las 14:00 regresamos al hotel a descansar un poco, hasta las 18:00 que volvimos al centro, siempre en el mismo bus, no olvidemos que el hotel está bastante lejos del centro.

Con Roberto decidimos ir a alguno de los habituales conciertos que se dan en la ciudad, tanto en iglesias como en antiguos monasterios, mientras que Alicia y Juan Carlos optaron por asistir a una función del famoso Teatro Negro de Praga.

El concierto que elegimos se daba en la biblioteca del Monasterio de St. Michael, muy imponente, con un cielorraso hermosísimo, con escenas antiguas pintadas.

La orquesta estaba formada por tres violines y un violoncelo, el programa duró un poco más de una hora y tocaron música de Vivaldi, Mozart, Bach, Haydn, etc. Estuvo todo muy bueno!

A la salida del concierto caminamos por el centro haciendo algunas compritas, algunos recuerdos de Praga, como artesanías hechas en el típico cristal checo y algunas otras pequeñeces, sin faltar la clásica cajita para mi colección. También compramos las típicas Matrioshkas, las muñequitas en madera liviana que encastran una dentro de otra y que aunque su origen es ruso, en Praga abundan como recuerdo para el turista.

Caminamos por una ancha avenida, la Václavske Námesti, que llega hasta la famosa Plaza de Wenceslao, testimonio de la llamada Primavera de Praga. Durante la Guerra Fría, la Primavera de Praga (en checo: Pražské jaro) fue un periodo de intento de liberalización política en Checoslovaquia que duró desde el 5 de enero de 1968 hasta el 20 de agosto de ese mismo año, cuando el país fue invadido por la URSS, y sus aliados del Pacto de Varsovia -a excepción de Rumania- en una acción que pretendía evitar el ingreso de un potencial sistema capitalista dentro de Checoslovaquia.

A esta zona se le llama Ciudad Nueva, con muchos hoteles, casinos y negocios. Se destaca la Plaza de la República (Námestí Republiki), la moderna calle Narodni Trina, el Teatro Nacional (Narodni Divadlo) y finalmente la Plaza de Wenceslao (Vaclav Namesti), presidida por el Museo Nacional y la estatua de San Wenceslao.
San Wenceslao es el Patrono de los checoslovacos, cuya fiesta se celebra los 28 de septiembre. Wenceslao quiere decir: "el más glorioso". La historia de Wenceslao nos dice que era hijo del duque Vratislao que gobernaba a Checoslovaquia. Tenía un hermano llamado Boleslao. A Wenceslao lo educó la abuela, Santa Ludmila, la cual se esmeró por hacer de él un fervoroso católico. En cambio a Boleslao lo formó la madre, que era una terrible anticatólica. Luego que muere su padre en una batalla, su esposa comienza a gobernar, pero eran tantas las leyes que ella daba contra los católicos, que estos exigieron que Wenceslao, como hijo mayor, se posesionara del mando de la nación. Y así lo hizo y era muy querido por su pueblo. Pero su hermano, aconsejado por la madre, se propuso acabar con Wenceslao, para poder así quedarse él de gobernante. El 28 de septiembre del año 938 Wenceslao, de solo 30 años, fue asesinado por su hermano. En su sepulcro empezaron a obrarse milagros y su fama de santidad se extendió por todo el país. Boleslao no pudo olvidar nunca el terrible crimen que había cometido, y él y su madre terminaron trágicamente su vida.

A los pies de la estatua de San Wenceslao suele haber flores y velas en honor a un estudiante checo que se prendió fuego a lo bonzo en 1969 en protesta por la invasión soviética de Praga. Y frente al mismo monumento se encuentra un sencillo homenaje a las víctimas del comunismo, consistente en unas simples guirnaldas, fotografías de las víctimas, cruces y velas, que desde la Revolución de Terciopelo, que fue el movimiento pacífico por el cual el partido comunista de Checoslovaquia perdió el monopolio del poder y se volvió a la democracia en 1989, se ha mantenido aquí como un santuario no oficial.

También muy cerca está la Ópera Estatal.

En nuestra caminata pasamos por el edificio de la Assicurazioni Generali, donde Kafka trabajó diez meses (1906-07)


Regresamos a la Plaza de la Ciudad Vieja, comimos unos sándwichs en un bar sobre la plaza, caminamos un poco más por la zona, que de noche presentaba otro encanto distinto y volvimos al hotel en taxi, ya que se había hecho muy tarde.


Nuevamente a armar las valijas… Al día siguiente salimos para Budapest.


A despedirnos de la mágica Praga, entonces…

1 comentario:

  1. HERMOSO RELATO, CON MUCHOS DATOS PARA TENER EN CUENTA EN MI PRÓXIMA VISITA, BUENÍSIMAS LAS FOTOS.

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